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STYLE SECRET: Andrea Brugnoni
La habitación de los juegos

¿Un armario vale toda una habitación?
Sí, según los sofisticados usos del siglo XVIII, sí, pese a que, según el empresario Andrea Brugnoni, que comparte una habitación circular con su mujer todas las mañanas: «Es un punto de encuentro, un momento de intimidad de la pareja».
Estamos en Milán, rodeados de puertas, en una habitación sacrificada adrede para transformarse en cabina armario, con un asiento central que evoca ciertos salones que casi ya no existen.
La precisa mezcla Brugnoni, que exhibe desde que tenía catorce años, tan definida que le ha valido un apodo, estilísticamente hablando, «el abuelo».

Se habla sobre todo de sus suéteres, que están entre los estantes divididos por pesos —gruesos abajo, ligeros encima, arriba de todo los chalecos– y luego, en cada categoría, por colores. Tras abandonar el colorido mundo de la lana y la cachemira se pasa a los trajes.
Los pantalones en los estantes inferiores y encima una tres tipos de traje. Por orden de aparición: esmoquin, chaqué y trajes de ceremonia, todos ellos en sus bolsas de plástico. Siguen los trajes gruesos y a rayas, típicos de él, y por último el abanico de azules, desplegado por pesos y tonalidades. Todo a medida y en orden: «Las chaquetas sueltas, por el momento no mucho…». ¿El desorden? «Cromático».

Zapatos:
1 - Solo formas de madera, para los modelos elegantes. El kit de limpieza al alcance de la mano: el suyo llega de Jermin street, de la tienda londinense New&Lingwood, cuyas corbatas con calaveras se han hecho célebres, además de la sección de zapatos.
2 –Varios mocasines, la mayor parte de Tod’s, en su caso eternos: «Cuanto más estropeados están más bonitos son».
3 – Botines de gamuza, la misma reflexión.
4 – Zapatillas deportivas, el toque flash en la elegancia del «abuelo». Suk obsesión actual: las llamativas Glide.

Un sueño secreto: un estilo preciso, eterno, que da una satisfacción indestructible.

Excluido: «El uso del bolso de mano. Jamás he logrado ponérmelo, me gusta mucho cuando lo llevan los demás, pero cuando me lo pruebo no me veo con él».