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BON VOYAGE: Marco Boroli
Mi St. Barth

Aterrizó en ella en los años setenta en una pista de tierra batida, y nunca la ha abandonado.

Así empezó, hace treinta años, la historia de amor de la familia Boroli con la isla de St. Barthelemy, más conocida como Saint Barth, una joya mundana en el archipiélago del Caribe.

Hablamos con el sobrino Marco, coleccionista de monedas antiguas romanas y consejero delegado de yourwineguru.it – un sitio de e-commerce que selecciona la gran calidad del Made in Italy, en el ámbito del vino, pero no solo, directamente con los distribuidores - que, desde que era niño, pasa las vacaciones de Navidad en S. Barth. En la isla blanca, llamada así por el gran número de bretones y normandos existentes, así pues, de rubios con ojos azules, Marco fue también al colegio, mejor dicho, a la guardería, donde, según él: "Íbamos sobre todo a la playa".

Lo sigue haciendo en la actualidad y en ella coincide con Claudia Schiffer, Richard Gere y toda la gente de Hollywood aficionada “All’Ile de l’Oubli" en la que, nos dice ahora, todo se desarrolla con gran lentitud.

10 horas – desayuno en el Carambole, cruasánes como en París, la pastelería con los sabores de la vieja Europa.
11 horas – en la playa el establecimiento es Ile de France, en la arena de Flamand Beach. De no ser así, para pasar una mañana super glamourosa en la que el champán se destapa a partir de las 12, la dirección es la playa de St. Jean, la elección entre Tony Beach o Niki Beach.
14 horas – una hamburguesa en el Jo-Jo Burger, unas cuantas mesas alrededor de la cabaña, así que el asiento es un último lujo.
19 horas – aperitivo en la Isoletta, donde también se puede pedir una pizza o en el Hotel Eden Rock, en lo alto de las rocas.
21 horas – para cenar se come siempre pescado, en concreto dorada, que aquí llaman maimai. El restaurante Le Ti S. Barth recuerda a la más noctámbula S. Tropez, a la cena siguen la discoteca y espectáculos de burlesque.
00 horas – el momento del ron aromatizado, la especialidad de la isla. De Silver, blanco o ámbar…. que merece probarse en cualquier parte.

El festival de Jazz, que tiene lugar en las primeras dos semanas de agosto, es la nota musical que se debe añadir a estas direcciones.