BON VOYAGE: Noor Fares

Mi Sankt Moritz

En el centro del mundo, hablando de montaña, o muy privada.
La vida entre las nieves del valle de Engadina, en la capital de la jet set concentrada en Sankt Moritz.

El centro neurálgico de la vida ciudadana es, en especial, el Grand Hotel Palace, el establecimiento en el que se aloja desde siempre en Navidad y bajo el sol de febrero la libanesa Noor Fares, una diseñadora de joyas domiciliada en Londres cuya próxima aparición tendrá lugar en París, durante la semana de la moda de febrero.
Junto al retrato Tod’s que pondremos en línea para contar su lado más esotérico.
Ahora hablaremos de sus vacaciones en Sankt Moritz en calidad de frecuentadora afeccionada, incluyendo sus consejos.

El esquí.
Sol. La parada para comer la realiza en el refugio Paradiso, donde la gente se calienta con rayos de sol que iluminan las terrazas de madera que bajan, panorámicas, componiendo unas enormes escalinatas. Nieve. Como interrupción al frío y al esquí es perfecto el interior de moderna boiserie del restaurante Clavadatsch, con un público internacional. Delicias del paladar. Si elige lo que hay en el menú Noor opta por el mejor wurstel del valle: en el Chasellas, y en este caso nos encontramos en los bosques del barrio Suvretta.

Si no se esquía.
El trineo. Espectacularmente panorámica la bajada del Muottas Muragl.
Se sube con los remontes hasta 2500 metros de altura.
Las opciones son dos, o detenerse en el restaurante o subir enseguida al trineo y bajar por el valle, por el camino que serpentea entre los bosques cuando no se asoma al valle, con una vista de casi 360 grados.
La fábula.
En carroza. Todos los años Noor Fares revive en hechizo. El silencio del valle de Fex, cerrada al tráfico, por la que solo circulan carrozas tiradas por caballos, las que llevan entre los pinos y los panoramas de tarjeta postal de otros tiempos al Hotel Sonne.
De día el encanto del sol, por la noche el romanticismo de un trayecto bajo las mantas de piel, inmersos en la claridad de la nieve, iluminada por la luz de la luna.

La velada.
Noor prefiere la que pasa en Pontresina, en los salones del Grand Hotel Kronenhof. Ian Fleming escribía en él los argumentos de sus James Bond, Noor pasa en él veladas con sus amigos, en el hotel que ofrece como entretenimiento el bowling y el ping pong, a menos que uno prefiera el clásico patinaje sobre hielo…

La noche.
La más mundana es la del Dracula Club, donde se puede cenar o ir solo a bailar, code a la entrada con vestidos largos incluso a las tres de la madrugada… La entrada es automática para los life members, los socios del Cresta Run (un club legendario, fundado en 1885 y cuyos socios se deslizan boca abajo por un canal de hielo de mil doscientos metros de longitud), mucho más arriesgada para los demás. Hablamos de la jet set invernal por excelencia, pero la pista de baile es relativamente pequeña: en elDrácula hay poca gente, pero de la mejor.
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