STYLE SECRET: Tatiana Gecmen Waldeck

Retrato de Tatiana en un interno

un viaje entre pensamientos, países y sabores.

Nos reunimos con Tatiana Gecmen Waldeck, una aristócrata de la Europa central que ha vivido en muchas capitales y que en la actualidad lo hace a caballo entre Londres y Milán, porque está trabajando en un proyecto de audiolibros: ella es la voz narradora que lee acompañada de música experimental.

Su padre fue fotógrafo en el Vogue de Diana Vreeland, en la Nueva York de los años sesenta; su madre siempre estaba rodeada de artistas, escritores y estilistas: «Fui educada a la contemporaneidad».

En su casa de Milán una mesa de ping-pong hace las veces de mesa de comedor, un rincón tapizado evoca los antiguos boudoir, la sala verde oliva esta punteada de signos exóticos del mundo. Apiladas sobre las sillas innumerables revistas sofisticadas internacionales: «Tienen que ver con mis amigos».

Recibir y compartir como costumbre, veamos las suyas.

1 – Tener en casa gente atractiva, incluso físicamente

2 – Mezclar edades y orígenes: los jóvenes buscan la sabiduría, los viejos la frescura, todos a alguien distinto de ellos mismos.

3 – Belleza aparte, cada uno debe aportar algo al grupo, tener una peculiaridad.

4 – Ofrecer sólo cosas de calidad. Si se opta por jamón y mozzarella, deben de ser óptimos. También las almendras, pero sobre todo el vino. Todo debe ser singularmente exquisito.

5 – Sentirse en casa con una estética poco formal, aunque sofisticada.
6 –Mezclar sabores, especias y perfumes, la comida como viaje entre culturas alimentarias.

7 – Preferir la simpatía de los comensales a una mesa perfecta. Mejor tres vajillas diferentes, heredadas y compradas, pobres y valiosas, porcelana y cerámica juntas, que una compañía aburrida.

8 – Siempre: flores y velas.

9 – Jamás: cosas de papel, el mejor mantel es de lino hindú.

La casa: un sinfín de libros, muchos proceden de la abuela materna, los títulos nos sumergen en la Francia del siglo XIX, literatura clásica o reportajes de viajes. Con todo, antes constituían el clásico contenido de una biblioteca. Luego Tatiana los usó de distinta forma: ahora son la base de la mesa central o están apilados en el pasillo, como librería alternativa, pero igualmente culta.

A la mesa de ping-pong se pueden sentar dieciocho comensales: «Me gusta romper las reglas».

El papel pintado Fornasetti que reviste el rincón decorado en un estilo vagamente decadente tiene un toque gótico: las calaveras que brillan constituyen el toque punk que acompaña el juego retro.

Otro juego, el de las mesas camillas modernizadas, sobre todo en la materia: Tatiana ha quitado la clásica tela que las cubre hasta el suelo y la ha sustituido con cuero claveteado.

Una interpretación «rock» que encontramos también en la habitación de su hijo, en la que ha revestido el escritorio de cuero hasta rozar el suelo.
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