Carolina Bucci

Renacimiento contemporáneo

Estilo florentino en Londres

La infancia en Florencia, sumergida en los grises y celestes del Renacimiento italiano, unos colores que nunca ha abandonado, además del sentido de equilibrio y de una elegancia que jamás ostenta, en su segunda vida en Nueva York y, sobre todo en la tercera, la actual, que se desarrolla en Londres, donde nos reunimos con ella.

Carolina Bucci es diseñadora de joyas, siguiendo la tradición de su familia, que inició en 1885, una tradición a la que ella ha añadido el twist contemporáneo de un estilo precioso-cotidiano. Unas cadenas personalizadas, unas pulseras de diamantes con goma efecto tenis años veinte, o las bufandas de oro elaboradas en telares de madera como en el Renacimiento, en venta en Bergdorf & Goodman, unas luminiscencias que se enrollan con placer (carolinabucci.com).

El piso londinense, situado en una planta baja, conjuga el arte de su marido, galerista, con las huellas de la tradición Bucci y arrastra lo antiguo a lo contemporáneo en una mezcla perfecta: "Basta elegir solo las piezas que te gustan". Las velas, encendidas por todas partes, nos acompañan mientras cruzamos la gran sala hasta llegar a la gigantesca cocina, tan ordenada como Carolina, y en la que notamos, colgadas al lado de la nevera, las Reglas de casa Pyner (apellido del marido): "Esta es la nueva edición. De vez en cuando nos reunimos los cuatro para cambiarlas o añadir unas nuevas".

Golpes de colores intensos sobre bases neutras, un estilo preciso que vuelve en la manera de vestir de Bucci. Ella piensa en los colores, de forma que empezamos por ellos.

El secreto de los colores
"Incluso cuando estudiaba arte prefería colorear a dibujar". Puede que se trate de la influencia de la abuela pintora, puede que el uso de rotuladores en lugar del clásico bolígrafo azul, sea como sea, su agenda es un diario cromático. En pocas palabras, cuando se viste Carolina se colorea. El celeste es una obsesión, en todas sus tonalidades. Que se recogen en el logotipo de sus joyas. Luego el gris, el que recuerda la piedra serena de la casa del siglo XVI en la que creció, el gris que no le parece en absoluto triste: "Sobre todo si se corta con el blanco". El abrigo de encaje blanco es uno de sus preferidos. Además abunda el rosa viejo. Unas bases sumamente renacentistas que ella intensifica con un color que "pops out".
Nunca un exceso de contrastes, y no hay que combinar el azul oscuro con el negro o el rosa con el rojo: una lección que aprendió en su infancia.

El color como secreto del orden. Teniendo en cuenta que Carolina endereza todo, incluso las etiquetas de las botellas, el problema de los armarios lo resuelve cromáticamente. Detrás de las puertas, los vestidos, divididos por categorías, desfilan como los pinceles de una caja.

El secreto del estilo
La referencia es a los años sesenta. Sofía Loren en la barca motora: el pañuelo, la madera, el anillo. Un breve manifiesto, un toque de glamour absolutamente natural, nunca forzado. Igual que sus joyas. Algo que refleja tu personalidad, el detalle como firma, algo eterno que no invade la escena.

Nunca: los colgantes de letras
Siempre: velas encendidas. Fuertes en los espacios pequeños. Distintas y esparcidas, una a una, en los grandes.
La manía: el paraguas en lugar del sombrero, además muy grande, para no equivocarse ha diseñado el suyo, que vende con su logotipo.

De viaje
Siempre embarco mi equipaje, incluso si el viaje dura solo tres días. Quiero tener varias opciones a mi disposición, para no estar luego en un sitio y no sentirme cómoda, dado que el vestido depende del modo en que te sientes el día concreto. Se crean outfit y colaterales. Cada tema -vestidos, ropa interior, medias, joyas- tiene su bolsa específica. Dobla cada vestido o camisa tres veces en lugar de dos, así no queda una raya definida. Los vestidos son una solución ideal para pasar del día a la noche, basta cambiar los zapatos y los complementos. El bolso es grande. Los de mano, de noche, son más de uno. Las sandalias son numerosas e invariablemente planas, solo hay un par de tacón alto. Preferiblemente grueso, a menudo Tod's.

En mi bolso
Una cartera enorme, meto de todo, incluso fotografías. La agencia, el único caso donde soy desordenada, pero sigo siendo una mujer que usa el papel. Los rotuladores. Escribo con los colores, un par cada vez, que cambian según el día. Las llaves La barra de manteca de cacao, ningún producto de belleza, ni siquiera un cepillo de pelo. El teléfono El ordenador Cuestión de síntesis, renacentista.

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