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Emilie Fouilloux

La perfección de la naturaleza

El estilo como síntesis, parisina

Rodeada de espejos, Emilie Foilloux creció en el reflejo de ella misma, que aspiraba a la perfección. Tras entrar a los nueve años como bailarina en la escuela de la Ópera y pasar los veinte siguientes entre la Scala de Milán y el Miami City Ballet, Emilie Fouilloux abandonó la danza y emprendió su segunda vida como dj. Veladas chic parisinas en el Costes y en el Club Montana, antes de volver a ponerse frente a los espejos. Su tercera vida tiene el color de los que ahora diseña ella, su línea se llama Madem (www.mademparis.com). Emile debe llevar siempre uno en el bolso: «El problema era que nunca encontraba uno que fuera bonito».

Así pues, inspirándose en el estilo de Frida Khalo, al que Emile ha incorporado su suavidad, incluso cromática; por ejemplo, crea los suyos con acabados de piel de serpiente de color melocotón a los que añade los signos del zodiaco como toque personal. Una parisina sabe que el estilo es importante. Il suo. Principalmente punto de rayas y bailarinas.
El significado de las bailarinas para Emilie. «Tengo una colección infinita, las uso incluso por la noche, con un vestido corto muy elegante, por ejemplo. También con pantalones ajustados y camisas de hombre no demasiado anchas. Si la camisa es de seda me la pongo con un bonito cinturón, las de algodón grueso las llevo anudadas». Nada cerca del cuerpo - excepto los pantalones – los abrigos de estilo suave y redondeados o chaquetas a medida: «Nunca me abrigo lo suficiente».

En el bolso
El espejo que cambio dependiendo del humor
Labios naturales durante el día, pintalabios por la noche
Llaves y cartera
Teléfono y cargador
Horquillas para el pelo y un espray de perfume
Ipod y cuaderno de notas («por si veo algo que me gusta, a menudo decoración de interiores»)
Una estampa de la virgen de Lourdes

En la maleta, siempre.
Camisa blanca
Pantalón de piel
Un par de zapatos de tacón, azules
Suéter de cachemira negro, pequeño
Traje de baño
Neceser (ver manía)

La manía.
El neceser, precisamente, que contiene todos los secretos de belleza
Aceites para la piel, con frecuencia de Veleda.
La costumbre de pulverizar la cara con agua de belleza
Tres cremas hidratantes diferentes, que se pone por capas
Un maquillaje ligero para proteger la cara
Aceite purificante para la noche
Pintauñas rojo/negro
Perfumes: Figue dell’Artisan Parfumeur, Creede Spring Flower y Annick Goutal
Uno de los tres siempre en el bolso, siempre en micro espray

Nunca: pantalones pirata

Siempre: dos pulseras y tres anillos con los que está encariñada por razones sentimentales

El miedo. «Que me anulen las citas: me preocupa siempre. También esta mañana lo he pensado. Cuando bailaba sólo me decían si había ido bien o no al final. Creo que no me he quitado esa ansiedad de encima desde entonces».

La visión. El lago de los cisnes, lo he visto un sinfín de veces. Cuando apenas tenía ocho años —lo recuerdo perfectamente— me veía ya bailándolo. Estaba claro lo que iba a hacer.

Interiores, flores, detalles. Flores y plantas. Rosas y lirios. El azul de los jarrones de Marrakech con el rojo de las rosas, blanco para el dormitorio, en la mesa peonias rojas o blancas, con agradables incursiones de hortensias. Todo ello forma parte de la manera en que lleno un recipiente sencillo (la casa) con cojines, telas y objetos de regusto étnico.

La feminidad. No hacer nunca demasiado. Apenas se nota el esfuerzo, aunque sólo sea en el maquillaje o en el peinado, el impacto deja de ser femenino. Esfuerzos invisibles y elegancia en los movimientos.

Secreto de belleza. Usar un champú para niños, pelo fresco todos los días, sin marcar.

Las proporciones. Femeninas, suaves. Faldas y pantalones: todo un poco más largo y ancho de lo debido.


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