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Julien B. Diez

Todo el sabor de St. Barth

Su nombre está vinculado a Foodland St. Barth, esto es, a la comida más buena del mundo que se ha trasladado como por arte de magia a la isla. La St. Barth de la que se enamoró cuando visitó a un amigo en 2006, con la idea de permanecer en ella un par de meses. De eso hace ya nueve años. Con Julien descubrimos el gusto y los gustos de un francés que en su primera vida cultivaba ostras.

El resto nos lo cuenta él mismo:
«Nací en Estrasburgo, en la frontera entre Francia y Alemania. Crecí con unos sanos principios familiares, cerca de mis padres y de mi hermana pequeña. He vivido en Alsacia, en Provenza y en el suroeste de Francia. Cuando tenía diecisiete años, al acabar el bachiller, me mudé a La Rochelle para estudiar Acuicultura. Siempre me han atraído las profesiones relacionadas con el mar. He estudiado mucho la vida marina, la biología, cualquier forma de vida que crece en el agua.
También he conseguido una serie de títulos náuticos (lo que me ha permitido, además, hacer surf y submarinismo, y divertirme en la playa).
En la época de la universidad vivía en la isla de Oléron, en el oeste de Francia. La especialidad de este territorio son, precisamente, las ostras. Para ganar un poco de dinero trabajaba con los cultivadores de ostras, pero era una profesión que me gustaba mucho. De esta forma, al final me dediqué por completo a ello durante ocho años, durante las cuales viví experiencias únicas en los paisajes absolutamente especiales de Bretaña, Normandía, las islas Ré y Oléron, y Arcachon, en ocasiones en unas condiciones a decir poco extremas... trabajaba en el mar, tanto en verano como en invierno, fueran cuales fueran las condiciones meteorológicas, pero era fantástico.
El día en que sentí la necesidad de ver cosas nuevas aterricé en St.Barth.
Vine aquí en 2006 para visitar a un amigo en un principio pensaba quedarme un par de meses pero han pasado ya nueve años y sigo aquí. Fue un amor a primera vista. Pensaba volver a Europa, pero me fui enamorando año a año de esta pequeña roca caribeña.
St. Barth es un mundo pequeño, enseguida comprendes si puedes vivir en él, si te encuentras bien o si, en cambio, no es para ti. Es realmente fantástico. Aquí puedes crearte una vida como en ningún otro lugar.
Además, hace unos años todo cambió. Me enamoré de mi mujer, que estaba aquí de vacaciones, y tuve la oportunidad de empezar a trabajar en el sector de las importaciones de alimentos.
En la actualidad mi vida en “la roca” está completamente dedicada a mi familia y a mi pequeña princesa caribeña, Leeloo; trabajo y tengo una calidad de vida fantástica. Además, estoy en estrecho contacto con el mar.
Soy socio de la Foodland St. Barth, una sociedad local que importa alimentos frescos procedentes de todo el mundo. Suministramos alimentos sofisticadas a muchos restaurantes de la isla y también a privados: somos el mejor servicio de catering a domicilio en las casas y en los yates de toda la isla.
No sé lo que sucederá en el futuro... puede que me instale en otro lugar... y, por qué no, quizá vuelva a dedicarme a mis ostras».

El lujo para mí: son los momentos que paso con mi familia, con Leeloo, mi hija de dos años, y con mi mujer, Julie.

El mejor regalo: LEELOO.

En mi maleta: mi par de botas de vaquero.

Me siento elegante: moreno y salado de agua de mar, adoro esta sensación natural. Vivo a orillas del mar desde que tenía seis años, así que necesito sentir en la piel esta presencia. Sé que no puedo estar sin ella. En este sentido, St Barth es el lugar ideal y mi canoa el instrumento perfecto.

Mi lugar preferido: me resulta difícil decirlo, porque son muchos. Amo las islas por este orden:
- Oleron, oeste de Francia
- St. Barth, FWI
- Rod Loga, Suecia, una pequeña isla cerca de Estocolmo (además adoro Suecia, mi mujer, Julie, es sueca y gracias a ello he tenido ocasión de conocer un poco este país, que es precioso y relajante).

Mi banda sonora: Easy Rider, the Pusher de los Steppenwolf.

Miedos: decepcionar a alguien.

Nunca: el arrepentimiento.

Siempre: ¡adelante! WAR ARAOK ATAO ! ( en lengua bretona ).

Tres direcciones «reservadas»:
- Lorient, la playa más deliciosa de toda St Barth, no es extraño que se la considere una de las playas más bonitas del mundo;
- La bahía de Torekov, en Suecia: mar, verde, silencio y paz;
- en medio del océano Atlántico: hice una travesía oceánica a bordo de un velero, una experiencia de vida increíble.
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