Kyveli Alexiou

El estilo como teatro de uno mismo

La estética de los complementos de la griega cosmopolita

Bajo la luz de St. Barth en que la vemos luce un vestido de origen rumano: de acuerdo con su preciso —mejor dicho, escultural— credo de estilo: a cada uno lo suyo según el propio cuerpo. La base de la que partir para jugar interpretándonos a nosotros mismos, de forma incluso teatral, que no banal.

Kyveli nació en Grecia, estudió en Nueva York y trabaja en Londres donde, quizá, se instalará. La idea de casa para la estudiosa de escultura y diplomada en Historia de la Filosofía europea es, en cualquier caso, relativa: «Soy como una tortuga, me muevo con mis cosas». Objetos, recuerdos, un patchwork personal, esencial para cualquier ambiente: «No me gusta el minimalismo y sus espacios vacíos, las habitaciones que no transmiten nada, donde te da miedo sentarte. Una casa debe ser el diario de tu vida». Un ambiente de sabor francés narra, con elegancia shabby chic, la vida de Kyveli en Nueva York, el total blanco y azul refleja, en cambio, Míconos. Nada de términos medios: «Las zonas grises no tienen nada que ver conmigo».

Ama los statement, la apasionada de escultura, que piensa como escultora. Mientras diseña su futura línea de joyas y también cuando se viste: «Debes saber quién eres y cómo estás hecho».

Ya diseñadora de vestuario en Londres, ahora superviviente de la experiencia neoyorquina como ayudante en el Museo del Vestido MET, Alexiou a la que atraen la fotografía y la art direction, en este momento se concentra sobre todo en el diseño de sus joyas. Unos objetos que vive, precisamente, como si fueran micro esculturas: «Se requiere un gran sentido del equilibrio y de la simetría mientras se coordinan los distintos elementos. No caben los errores en una escala tan pequeña». Hay lugar para la energía, para las diferentes vibraciones de cada piedra o metal, pero sobre todo para la unicidad. Que es el verdadero sentido del estilo.

El sentido de los complementos: «Me obsesionan. Más que los vestidos, amo las declaraciones de estilo: ciertos detalles, algunos objetos o prendas especiales. Mezclados entre ellos, incluso de épocas distintas o inesperados».
Un abrigo, unos guantes, un bolso o un sombrero duran para siempre y hablan mucho de ti. De ella, estéticamente hablando. ¿En resumen? «Seguir mi camino». Según Alexiou en este mundo global, hiperconectado también en el look, se necesita más valor. Para ser uno mismo, e interpretar: «¿Por qué no poner en evidencia lo que uno es en lugar de intentar parecer cualquier otro?».

Nunca: Un conjunto genérico, similar a muchos otros.

El ejemplo: Cuando iba al colegio en Grecia todos usaban la chaqueta de caza. Ella solo la usaba para ir a caballo. Cuando se pasó de moda, cuando yo tenía 25 años, me volví a comprar una.

Siempre: Comprender qué le va bien a tu cuerpo: yo no soy Twiggy. A ese punto, jugar, incluso exasperando.

El lugar de su corazón, St. Barth.
Paso mucho tiempo allí, al menos dos meses al año. Es muy francés, una pequeña Europa en el Caribe. Una burbuja en cierto modo surrealista, me recuerda el Yellow Submarine, entre otras cosas porque no es fácil llegar a ella. Pero vale la pena hacerlo: vida relajada, todo es sencillo y muy bohemio; por ella pasa mucha gente interesante con la que hablar.

La manía: Los perfumes. De niña adoraba Fracas, el perfume de mi madre. No me dejaba usarlo, y ahora la entiendo. Mis dos direcciones son Santa Maria Novella, en Florencia, uso muchos de sus perfumes, y Lys di LeLabo. En concreto el nº 31, una mezcla de nardo, jazmín, almizcle y vainilla.

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