Lucia Odescalchi

La princesa contemporánea

Estatuas y frescos, y sus diseños

La última aparición fue durante el Salón del Mueble, en el taller de Brera, sito en la calle del Orso, en Milán, segunda ciudad de la diseñadora de joyas, profesionalmente hablando: la invitación fluorescente, Fiorescenze el título de la exposición, unas piezas de metacrilato luminiscente en la escenografía de la artista Simona Bertolotto.

Luminosas visiones de la diseñadora que parte de la recuperación de piedras y piezas vintage para proponerlas de manera contemporánea.
Materias preciosas o materiales de investigación, gorgueras de piel que invaden la cara, collares larguísimos, o clásicos, pero nunca del todo, porque ella los ha renovado.

Sus piezas únicas, conceptuales en las formas y experimentales en la combinación de los materiales, recuerdan a ella: la princesa romana revela la fuerza de sus cadenas en el escote, filo medievales, bajo el cuero rojo de la chaqueta con cremalleras, unas pulseras impresionantes acompañan un vestido largo que luce con mocasines planos, los vaqueros con su bolso preferido. Odescalchi viaja con la mente y con su trabajo arrastrando el poderoso pasado que la rodea a su personal modernidad cotidiana.

Nos reunimos con ella en su taller, al que se accede por la entrada lateral del palacio familiar, sito en la plaza SS. Apostoli de Roma, escalinatas y estatuas del siglo XVII y su toque vanguardista, que renueva todo. Bajo el techo decorado con pinturas murales de su taller, las mesas de hierro diseñadas por ella, tachonadas de luces intensas que apuntan a la mezcla de acero, colores fluorescentes, cadenas y diamantes, un universo fácil de llevar, pese a ser anguloso, como el pensamiento que afila las épocas, en su caso a través de las formas de los objetos.

La seguimos al castillo de Santa Marinella, el lugar que elige para organizar los eventos y las recepciones en la playa (www.castellosantamarinella.it), pero, sobre todo, el refugio para los fines de semana familiares, próximo a Roma. «En cuanto podemos venimos a respirar los aromas del parque mediterráneo». Añadimos el romanticismo de la pequeña iglesia que hay en el patio interior, las paredes tapizadas de verde y el campanario que se erige en el cielo azul, la atmósfera es de otra época, al igual que en la terraza panorámica que desciende a la playa: la escalinata evoca la inimitable —y muy italiana— elegancia costera. El castillo está rodeado de un palmeral, entramos en la zona privada y llegamos al blanco total, mezclado con azul, del comedor. De nuevo un efecto gráfico de elegancia secular.

La escalinata que sube al piso superior, el de los dueños de la casa, es más articulada. Un laberinto lleno de cuadros y bustos familiares lleva al escritorio donde trabaja Lucia, el cuadro inmenso que se asoma a sus bocetos está fuera de escala, como buena parte de la belleza de la Roma en la que creció. «No paro nunca, el trabajo es el tejido de mi vida, incluso demasiado. Digamos que cuando, por fin, interrumpo el ritmo y cala la tensión y la concentración me siento... destrozada, incluido un tortícolis, que no debo demostrar el día de Navidad». La creatividad no tiene horarios, de forma que tampoco reglas. Nos adentramos en el dormitorio para observar el armario, que revela siempre mucho sobre el estilo. El suyo está a la vista, los estantes de acero están dispersos en la habitación que hace las veces de guardarropa, el criterio son los colores, pero sin exagerar: «Un día de estos lo ordenaré». Su forma de vestir es a todas luces segura, equilibrar formas y épocas es su trabajo, que de una pulsera se traslada fácilmente a un cuerpo, en especial el suyo de antigua modelo.

Fin de semana, en la maleta
Empiezo por los zapatos, el pedestal que sostiene el fin de semana.
O, mejor dicho, comenzamos por la base: bailarinas sumamente cómodas porque son las más versátiles. Siempre existe la posibilidad de dar un paseo, así que meto en la maleta las zapatillas de correr. Los zapatos de tacón solo si tengo una velada.
Una bufanda divertida, puede que con flecos: «decora» muchísimo y puedes ponértela siempre con la misma camiseta.
Una chaqueta, siempre. En invierno de terciopelo verde con borde en contrasto, en verano de algodón o de lino: lo importante es que tenga bolsillos. Los bolsillos son fundamentales para viajar.
Los bolsos de mano con las cremas de viaje, en frascos pequeños como los del avión.

En el bolso
Mini neceseres con el maquillaje.
Un sinfín de llaves (casa, despacho, moto, etc.), cargadores para el teléfono.
Un Ipad, un cuaderno gris ultraplano para tomar apuntes, bolígrafos que no deberían reventarse, páginas de periódicos que arranco para volver a leer, cosa que nunca hago.
A menudo también un par de calcetines: salgo siempre sin ellos y luego me arrepiento…

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