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Lucrezia Buccellati

El clásico con un toque rock. Y tanta equitación.

En Nueva York como en el campo, las joyas pensadas como cuadros.

Una vida al galope entre Milán y Nueva York, es decir, entre los orígenes clásicos y la contemporaneidad de la Gran Manzana, todo el año. En movimiento también en la empresa de joyería de la familia, con ideas transversales: oro y arte, oro y música, desde el principio, desde la juventud. Por último, al galope de su caballo, casi a diario: «Es mi forma de meditar, me tranquiliza. Cabalgar suspende los pensamientos y luego los ordena».
Entre los últimos, los de la colecciónOpera, presentada en julio en Paría, un diseño iconográfico que relaciona el oro y los diamantes con la música juvenil, creado por su padre, Andres: «Trabajamos siempre relacionando dos generaciones, en un principio el equipo estaba formado por el abuelo y el bisabuelo».
El exordio de Lucrezia, la primera mujer en el equipo creativo de la maison, tituladoOut of the box. Una cubierta especial, mezcla de vanguardia y de espíritu clásico, que reviste el IPhone y el IPad con el sol de Leonardo: «Es mi manera de interpretar la energía que acumulo en Nueva York teniendo presentes las proporciones y la belleza italiana». Después Timeless Blue, unas joyas que interpretan cinco cuadros mediante la maestría de las elaboraciones: una colección especial y peculiar, creada con su padre Andrea, y hecha posible gracias a la ayuda de su marido, David Wildenstein, miembro de la dinastía de galeristas de arte más famosa del mundo. ¿En casa? «Igual que en la vida, necesito espacios abiertos, como debería ser el pensamiento. Adoro el cambio y el mundo de la naturaleza, lo siento más orgánico: vivir en la ciudad me supone un esfuerzo».

Me siento elegante: con una joya no demasiado grande, da un toque «precioso».

El outfit: cazadora de motociclista, botas de piel: el toque rock en una apariencia clásica.

El regalo más bonito: el bolso que me regaló David, tiene un tamaño perfecto.Me cabe todo sin ser voluminoso.

En la maleta: leggings, camiseta y rizador de pelo.

Para tres días en París: cazadora de piel, pulsera grande, camisa blanca, vaqueros o pantalones de piel, botines de tacón y un bolso a medida de Air Mac.

La música: electronic dance. Como la de Happy Ending, la discoteca de Nueva York.

En casa: cierto aire campestre combinado con minimalismo zen.

El libro: Orgullo y prejuicio, de Jane Austen. Me identifico con la protagonista.

Miedo: de la oscuridad y del mar oscuro y profundo, de no saber qué es lo que me rodea.

Siempre: pintalabios de color rosa carne, un toque de orden. Un colgante al cuello. El pelo suelto. Ropa interior refinada. Botines, incluso con las faldas.

Nunca: faldas demasiado largas. Camisas o camisetas ceñidas. Maxibolsos.

L’App preferita: Shazam y luego Looper, para mezclar los sonidos.

Tres direcciones:
- Baroque Pearl: el perfume que sólo se encuentra en San Francisco, en Gump’s.
- La tarta de albaricoque de la pastelería Panarello, en Milán. Como hasta sentirme mal.
- Los camerinos virtuales de Rebecca Minkoff, en Nueva York. Pasas las prendas por el escáner y luego cómo te quedan en el espejo.

En el bolso: un par de pendientes. Pintalabios. Gafas de sol. Los auriculares para la música. Un maquillaje ligero por si acaso. Crema para las manos. Suéter.

MY TOD’S
This pair of Tod’s boots, inspired by the horseback riding world, is the most iconographic item in my wardrobe. For this reason, I chose this and interpreted it with my trophies and childhood photos.
Horses have always been part of my life, even this wooden one, a gift from my father with which I used to play as a kid.
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