Pietro Anelli

En vuelo hacia el futuro

La tradición como filtro para interpretar el mundo

Decir que es una vida proyectada hacia delante es decir poco en el caso de alguien que hace volar un drone proyectado por él mismo. El avión que se pilota a distancia aún no tiene nombre, él, en cambio, se llama Pietro Anelli y es un joven en estrecho contacto con el futuro, pero con una estética muy vinculada al pasado.

Las pasiones futurísticas conviven con las de la cultura y la tradición: «Busco constantemente un equilibrio entre lo supertecnológico y nuestras raíces, que cuando se contraponen suelen resquebrajarse». Pregunta: «¿Te tirarías de la torre?». Respuesta: «La que debe adaptarse es la tecnología».

Más inmerso en los misterios mecánicos que en la realidad, que desmontaba y volvía a montar desde que era niño, Anelli es cofundador y general manager de NexKon, una empresa con sede en Milán que produce y vende sistemas de Home & Building Automation, que hoy en día se conoce como domótica. Una declinación con dinámicas de terciario de la empresa más sartorial, DUEMMEGI, la de la familia, en la que inició su recorrido, siempre sumergido en la búsqueda de soluciones para controlar los edificios orientadas a la optimización y al ahorro energético. Entre instalaciones para gestionar la iluminación, las temperaturas, los sistemas de alarma, de audio y de vídeo, que se pueden gestionar también a través del móvil.

Apenas puede, controla el vuelo de su drone como si estuviese a bordo de él, y son ya dos años de prueba: «No hay un kit de montaje, no hay instrucciones». Su sueño: interfacearlo con el ordenador y hacerlo autónomo diseñando directamente las rutas en Google Earth, en pocas palabras, fabricar una paloma viajera electrónica. Un sueño que persigue en el poco tiempo libre de que dispone de la siguiente forma.

Sólo para sí mismo: «Camino. Tomo tiempo y espacio mental».

El recorrido: «Salgo de la avenida de Porta Vigentina en Milán, llego al Duomo y recorro la calle Dante, rodeando el castillo llego al Arco della Pace y una vez allí elijo cómo regresar».

El amor por el pasado: «He desarrollado el amor por lo clásico frecuentando los mercaditos, buscando pedazos de Historia a menudo olvidados. Todo lo que he encontrado forma ahora parte de mi historia y por ese motivo me gusta pensar que esos objetos han readquirido el justo valor».

Manía: «Los modelos de automóviles, tengo al menos cincuenta, solo elijo los que están muy detallados».
Su preferido: «El que tiene el interior de terciopelo, incluso en el baúl».

Costumbres high-tech: «No tengo ninguna, es el trabajo cotidiano».

Costumbres de tendencia clásica: «Asisto con frecuencia a las exposiciones de arte, una rutina que cultivé con mi madre».

El estilo: «Lo más deportivo posible, de cuando en cuando me preguntan: “¿Dónde has dejado el avión?” Visualicemos al aviador: cazadora de piel marrón, pantalones de color arena, zapatos con las tonalidades de la tierra».

Para el fin de semana: «Si voy a algún sitio uso un viejo maletín de médico. Meto 3 camisas y 2 pantalones, el neceser con las iniciales, el iPad solo cuando me acuerdo, tiendo a abandonarlo. La chaqueta puesta, no cabe».

En la maleta: «Chaquetas en buena parte desestructuradas, camillas con el cuello estrecho, pantalones de corte clásico, al estilo inglés, la corbata, en caso de que la lleve, es de seda con el fondo azul oscuro, y los zapatos siempre de Tod’s”.

¿El preferido?: «Siempre el último que compro».

Su ciudad preferida es París, el paseo: «De Notre Dame al Louvre, camino todo recto hacia el Arco del Triunfo, me dirijo a la torre Eiffel y luego doblo hacia Rue Royale, me paro a merendar en Ladurée e luego vuelvo. Hago un cuatro perfecto».

El viaje según Pietro: «Subir a un coche y conducir hasta Mongolia para ver todos los cambios de paisaje, los confines y los matices que hoy en día son ya difíciles de ver. Incluso las simples actitudes, la percepción de sensaciones, que se pierden sin lugar a dudas cuando se recorre una larga distancia en avión».

Nunca: Zapatillas de gimnasia

Siempre: la camisa, incluso en la playa

El libro: “Shantaram. Tienes la impresión de que te habla mientras te cuenta la historia de un hombre que escapa de una cárcel de máxima seguridad en la India. Una lección de vida que transcribe lo que yo había intuido: ves chocar dos realidades tan diferentes que, pese a ello, permanecen intactas».

Además del talento domótico, hay muchos elementos existenciales en la mente de este joven que quiere volar sobre el mundo, pero también atravesarlo —metro a metro—, buscando matices.

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