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Sonia Sieff

Selfie-Sieff: desde París, un autorretrato de autor.

La fotografa y directora ha filtrado el mundo Tod’s con sus luces.

Esta vez el retrato es un selfie sumamente refinado. La autora de las imágenes en las que aparece ella misma, la fotógrafa y directora francesa que vive inmersa en el mundo de la moda, pese a estar especializada en los retratos y en los desnudos. A ellos hay que añadir el uso experimental de las luces, las que vemos alrededor de las caras de Naomi Campbell, Alice Dellal, Lou Doillon, Georgia May Jagger y Kate Moss en las campañas publicitarias que llevan su firma.
Hablemos precisamente de él: considerando su trabajo, pero antes incluso a ella misma, lo primero que viene a la mente es el difícil y magnífico equilibrio —que raramente se encuentra— entre elegancia y sensualidad.

La guapísima Sonia, hija de Jeanloup Sieff, quien, a partir de los años cincuenta, convirtió en icónico cierto sentido de las curvas que usa de forma especial el gran ángulo, revela el ADN de la familia, de carácter tan sinuoso como preciso.

Con frecuencia los artistas reelaboran sus viejos trabajos, como le sucede a Sonia Sieff : precisamente sinuosa, en el sentido hipnóptico del término, alterna en su mente y, por tanto, en su trabajo, el enfoque cerebral y el deseo de dejarse guiar de forma exclusiva por el instinto: «Estoy trabajando en ello, trato de escucharme cada vez más, de domar mi propensión al control».

Los internos de los que se rodea parecen estar ya bien proporcionados: «Una habitación debe ser sexy». Las suyas lo son, están abarrotadas de libros, objetos e imágenes sumergidos en un mundo teñido de rojo y naranja, tenuemente iluminado: «Me gustaría ser minimalista, pero no lo soy».

Su obsesión actual: La novela Le tour du malheur , de Joseph Kessel: sobre la posibilidad de elegir tu destino en la vida.
Los personajes son numerosos y dejan una impresión duradera, la trama es tan complicada y fascinante como la de una película, pero sin imágenes.

El miedo: La forma en que la vida puede cambiar en un instante. El viento cambia repentinamente de dirección y no podemos hacer nada para evitarlo.

El estilo: Masculino y femenino a la vez, tanto de día como de noche:

Durante el día.
«Me parece chic el estilo masculino para una mujer que trabaja. Los pantalones son importantes, el corte debe ser sartorial y hay que cuidar toda la silueta».

El toque. «La feminidad se manifiesta sobre todo en los complementos, en especial en el bolso, que debe ser bonito. Además son importantes los cinturones, mejor de piel, y me divierten las pulseras.
La belleza femenina. «La veo en las extremidades, entre los huesos: manos, muñecas, tobillos, hombros».
Los colores. «Sobre todo en los complementos, también en los suéteres. Cualquiera, salvo el rosa».
El abrigo. «Oversize, a ser posible que se pueda anudar. En caso contrario de corte masculino, en todo caso grande, del que asoman unas piernas finas».

Por la noche.
Sonia adora los estampados, aún más el sabor vintage, sobre todo el de los años 40 y 70. Sus vestidos se parecen mucho, como un uniforme: largo por debajo de la rodilla o rozando el tobillo y la cintura muy marcada.

Además:

«Nadie se viste así»: «Amo a los que tienen su propio gusto, incluso si es malo».

Fuentes. «Cualquier mercadito de segunda mano, en cualquier parte del mundo. En París los vintage Didier Ludot y Les Mauvais Garcons, en el barrio de Marais».

Los límites del gusto. «Jugar con la fantasía, atreverse mezclar cosas que en apariencia no combinan entre ellas».

El secreto de belleza. «Lo que destroza una cara es el estrés: pararse y reír».

El verdadero secreto. «Identificar lo mejor de cada uno. Yo concentro la atención en las piernas y los pies».

El perfume. «De Frederic Malle, dependiendo de la temporada. Musc Ravageur para el invierno, Entre tes bras en las temporadas intermedias, el verano con Lys méditerranée».

Nunca. «Jamás llevo pieles».

Siempre. «Uso con absoluta libertad lo que mis amigos definen como un excelente mal gusto».

Es chic. «La forma en que se mueve y camina una persona. No se puede explicar, porque es una cualidad rara y de raíz poco menos que salvaje».

En el bolso:
«Necesito los bolsos pequeños».
Dentro:
cuaderno de notas, pintalabios natural, cartera, llaves y pasaporte: «Si quiero partir puedo hacerlo».

En la maleta:

A – Destino exótico, como la India o Zanzíbar.
«En estos casos llevo siempre los vestidos y los complementos más atrevidos. Cada día un color distinto, y añado los básicos, que me pongo para atenuar las prendas que jamás me pondría en una ciudad».

B – La meta es una ciudad, por trabajo.
- Las camisetas y los vaqueros que me gustan en cada momento.
- Dos pares de zapatos.
- Dos suéteres: grandes y con escote de pico, masculinos, o de cuello de cisne y minúsculos.
- Una chaqueta masculina a modo de abrigo.
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