Tatiana Gecmen Waldeck

Música y Mitteleuropa: la mezcla de Tatiana.

Un contemporáneo de raíces antiguas.

Por ejemplo: los colores. Sus manos mueven un terciopelo burdeos en tanto que un gris claro acaricia sus pies desnudos: «Jamás iguales entre ellos, me gusta la idea de jugar con los accesorios más femeninos que tenemos, las partes de nuestro cuerpo. No las más evidentes, sino las más nuestras».

Tatiana Gecmen Waldeck, una aristócrata mitteleuropea que habla italiano, piensa en francés y se enfada en el alemán austriaco, tiene las ideas claras, y no solo en cuestión de estilo. El próximo paso, profesionalmente hablando, lo dará en el ámbito musical. Después de varios años de moda, marketing y estrategia de la comunicación, se ha acercado por fin a una de sus pasiones, que cultiva desde que era niña, incluidos los conciertos en Salzburgo, en los años en que vivía en esta ciudad. Ahora, en cambio, el baricentro profesional está en Londres. Su compañero, Alex, es productor de música electrónica experimental, y Tatiana ha proyectado con él unos audiolibros especiales. Ella es la voz narradora y él monta las bandas sonoras con efectos especiales que evocan un viaje a trescientos sesenta grados. El primer relato tiene por tema el erotismo. «Tenemos también un proyecto de una aplicación musical con artistas independientes».

Una cara de Virgen que evoca los cuadros del siglo XVIII con el fondo negro; de hecho, tiene orígenes por parte del abuelo materno, pero mezcladas con raíces danesas y alemanas, su madre, en cambio, es francesa, y su padre austriaco, pero descendiente de checoslovacos. Así pues, Múnich y Salzburgo, pese a que creció en París. ¿Qué llevó a Gecmen Waldeck a la vanguardia extrema?

«Fui educada en la contemporanidad». Su padre era fotógrafo de la revista Vogue, que dirigía Diana Vreeland en la icónica Nueva York de los años sesenta: «Estoy trabajando en un libro y en un documental en relación con este tema». Su madre siempre ha vivido rodeada de artistas, escritores y estilistas, de forma que la sensibilidad estética se filtró en la vida de Tatiana como un valor cultural y la medida de sus frecuentaciones.



En la casa de Milán, con una mesa de ping pong que hace las veces de mesa de comedor, hay, a la izquierda, un rincón tapizado que evoca los antiguos boudoir, a la derecha la sala de color verde oliva punteada de objetos procedentes de todo el mundo y en la que notamos, apilada en una silla, una sofisticada selección de revistas internacionales: «Tienen que ver con mis amigos». Por ejemplo, con Thomas Persson, director de Acne Paper, y con el poeta Robert Montgomery, vinculado a la publicación Another.

¿Para qué ciudad te vistes? «Mi estilo refleja París».
Qué significa: deportiva de día, con algún toque sofisticado, hoy, sin ir más lejos, las medias de encaje. Luego, por la noche: «Me transformo. Puedo convertirme incluso en otra mujer, como solo saben hacer los franceses».

Algún consejo sobre la manera.
«No uniformarse nunca con la tendencia del momento, solo debemos ponernos lo que nos sienta bien, y luego añadir el toque del día. Un detalle personal, basta un lápiz de ojos turquesa, o calcetines o medias de color divertido».

La manía. El pelo limpio. Es la joya natural de la mujer.
Submanía. La delicada sencillez de un champú que solo compro en la farmacia.
Criterios. Sigo varias fases cromáticas, más que de volúmenes. Pero en cuestión de formas sé lo que me sienta bien y lo que no: prefiero una falda globo a cualquier prenda stretch.
Colores. Antes me gustaba mucho el morado, ahora es el amarillo y tengo el verde en la mente. Me gusta mucho el tono sobre tono, siempre y cuando contrasten entre ellos: el verde manzana y el verde militar, por ejemplo. La curiosidad: algunos días juego con los colores y con los estampados, y me visto a oscuras.
El maquillaje: depende del día, a veces voy con la cara lavada o hago un pequeño experimento.
Jamás: prendas stretch
La novedad: los zapatos planos, siempre.
Siempre: el tacón decidido en su dimensión. No a los tacones aguja.
Es sexy: vestirse de monja o con aire masculino, en pocas palabras, simular no ser sexy. Si te sientes bastante femenina es la mejor manera de resultar aún más sexy.
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