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Vettor Marcello del Majno

Venecia, vista de cerca.
Un día con un mercante contemporáneo, de antiguas raíces.

Entre gestos y discursos, mientras Vettor habla o simplemente escucha, se filtran los mil años de historia de su familia veneciana, la de los Marcello, que en la laguna han habitado en las dependencias del Poder, pasando a través de dos Dux y un músico, Benedetto, en el siglo XVII.
El actual Vettor crece entre Verona y Venecia, viviendo durante los años de la universidad en otra ciudad. Para estudiar ingeniería elige la ciudad de Florencia: “Alla ricerca del bello” (En busca de la belleza), tema obligado y central si se crece en un teatro sobre el agua.
A todo esto se añade el bagaje genealógico, sobre todo de tipo mercantil, de una dinastía concentrada en rutas e importaciones de tejidos del Oriente Medio, un sentido de los negocios que hoy en día marca la vida profesional de Vettor. Después de volver a vivir en Venecia con su mujer Giulia, el joven Marcello se ocupa de su trabajo de consultoría estratégica empresarial, en particular con sociedades extranjeras interesadas en el mercado italiano.
La vena mercantil fluye entre inversiones y desarrollos, mientras que el otro interés, influido por el sentido de la belleza, se ha concretizado en una sociedad, en la que las inversiones son suyas y de sus amigos de infancia, con un proyecto de grupo que gira alrededor de la pasión por el arte y que se llama Artitude. “Adquirimos obras contemporáneas que nos dividimos – algunos las tienen incluso en casa, pero yo no, para no apegarme a ellas – y que luego vendemos, dependiendo de la demanda del mercado”.
Su tercera pasión es la historia: “Un interesante sistema de lectura del presente”. Existe una continua transición del pensamiento abstracto al concreto, del pasado al futuro, del encanto de la belleza a la precisión de los hechos, que recuerda el movimiento del agua en Venecia, la agilidad de un espíritu mercantil y el fluir del pensamiento de un hombre de negocios asomado al mundo contemporáneo, con modos y características del siglo XIX, del que ahora examinamos el estilo de vida, entre direcciones y detalles.

Un sábado en Venecia

La compra en Rialto, entre los puestos de pescado bajo la Loggia del Sansovino, un retrato de vida ciudadana inmutado desde hace 500 años y aún muy vivaz. Aperitivo en el Arco, a dos calles de distancia. “Prosecco y cicchetti”, un poco de pan con la especialidad del día, por ejemplo tartar de lubina. Almuerzo en Campo Santo Stefano con las mesas fuera, aconsejo el restaurante Il Beccafico por su plato de “calamarata” o bien Il Cantinone Già Schiavi en Dorsoduro, por su selección de vinos. Por la tarde un paseo por la Isla de San Giorgio con visita a la Fondazione Cini para admirar una exposición de vidrios. Excursión a Murano para profundizar el tema, allí se puede ver soplar todavía el vidrio. Podemos terminar el día en el Gatto Nero, restaurante de Burano en el que aconsejo el frito con polenta. En alternativa, desde el punto de vista cultural, visitar el museo del Merletto (Encaje y bordado) de Burano, donde se muestra un perfil social de Venecia y de la laguna a través del trabajo histórico de las bordadoras.
Vettor:

Me siento elegante: cuando llevo la chaqueta.
El outfit ideal: viviría en camisa, con los zapatos náuticos.
El mejor regalo: Sgargi, una barquita que nos regalaron nuestros mejores amigos por nuestra boda.
En la maleta: iPad y auriculares.
Música: de todo, escucho también mucha radio, mucha historia.
Interiorismo: mezclar las cosas que me gustan sin un estilo preciso. Tengo una pasión especial por las lámparas y los puntos de luz, que distribuiría por todas las habitaciones.
Libro preferido: Canale Mussolini, de Pennacchi: es un retrato social de la Italia del siglo pasado. Es un libro muy emotivo, trata de historia, una de mis pasiones, y de la manipulación de los valores humanos.
Película preferida: “El Padrino”, por los mismos motivos de antes, el interés por una saga familiar cuyos valores pueden cambiar radicalmente a lo largo del tiempo.
Tengo miedo de: perder el tiempo.
Nunca: no ser sinceros y falta de atención. Dos formas de falta de elegancia.
Siempre: mirar hacia adelante.
Siempre conmigo: zapatos de cuero con cordones, camisa celeste y Loden de invierno.
Siempre en Venecia: pantalones largos y camisa de mangas largas.
App preferida: Podcasts, escucho relatos de historia y actualidad para razonar sobre la dinámica de los hechos pasados.
Giulia:

Me siento elegante: con una camisa de seda.
El outfit ideal: camiseta y vaqueros.
El mejor regalo: Sgargi, una barquita que nos regalaron nuestros mejores amigos por nuestra boda.
En la maleta: zapatillas de deporte.
Música: siempre y sólo para bailar: rock, electro y dance… un poco de todo, es suficiente que ponga alegre y entren ganas de moverme.
Interiorismo: mezclar el estilo moderno con el antiguo.
Libro preferido: Emma Jane Austen, soy una gran fan suya, soy una romántica.
Película preferida: “Manhattan” de Woody Allen, me gusta la atmósfera de NY en esos años.
Tengo miedo de: sobre todo de la soledad.
Nunca: sin máscara de pestañas.
Siempre: ser feliz y sonriente.
App preferida: Spotify.
Tres direcciones “reservadas” en Venecia:

•   Harris Dolci, en la Giudecca Un restaurante en una posición y con una vista única, en el canal de la Giudecca. Un menú delicado, el risotto con cardo es maravilloso.

•   Un cóctel de Gennaro, el Barman de la Taverna la Fenice¡un verdadero artista!

•   l'Ottico Fabbricatore, una tienda de ropa y accesorios de mujer, muy pequeña e interesante, cerca de San Luca.

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